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José Ignacio Ñudi, director de "Trofeo Caza y conservación". SLMenudo doblete

26/05/2005¬Editorial de José Ignacio Ñudi, director de la revista "Trofeo Caza y conservación", publicado en el nº421 de junio de 2005

No me lo puedo creer. Menudo doblete hemos logrado los cazado­res en los complicados cazaderos de la burocracia. Ya no vamos a ser los respon­sables civiles de los daños derivados de los accidentes de tráfico provocados por el atro­pello de especies cinegéticas y los conquenses volverán a cazar los patos en su provincia.

 

Los cazadores no teníamos la culpa de que las especies cinegéticas fuesen atropelladas masivamente en la carreteras, ni por supuesto podíamos evitarlo. Tampoco la caza —lo dice la ley— es de los cazadores. Y sin embargo teníamos que pagar los daños que unos pobres animales causaban cuando eran atropella­dos en una zona de seguridad propiedad del Estado.

 

Esta absurda responsabilidad que nos atribuían los jueces y su jurispruden­cia obedecía a una rocambolesca e imaginativa interpretación de la Ley del Caza del 70. Esta Ley nos hacía responsables de los “daños causados por la caza, pero se refería sólo y exclusivamente a los daños agrícolas y forestales, no a los acci­dentes de tráfico. Que por aquel entonces se encontraran en la carretera un corzo y un coche era más difícil que acertar la Primitiva.

 

Pero aumentó el parque automovilístico, aumentó la caza mayor hasta nive­les desconocidos, las carreteras mejoraron y no tardaron en aparecer los acci­dentes. Por miles. Y cómo hoy se buscan culpables para todo, principalmente para que paguen, los jueces, y sobre todo los abogados de las compañías asegu­radoras, vieron en aquel artículo de la Ley del 70 el cielo abierto y los cazado­res la injusticia y la ruina. Para colmo, fueron apareciendo leyes autonómicas de caza que, ya sí, ponían muy clarito que los daños de estos accidentes los paga­ba el cazador, no fuera a ser que se los reclamaran a ellas, a las autonomías, con competencias exclusivas en materia de caza.

 

Me alegro enormemente de este logro nacido de una injusticia, aunque no entiendo cómo hemos tardado tanto en demostrar nuestra inocencia.

 

La otra pieza del doblete es, como dije, que los cazadores conquenses podrán tirar de nuevo los patos en su provincia, que llevaban años sin poder hacerlo. “Hombre, alguna razón habría, se preguntará alguien echando mano del sen­tido común y comprobando que en el resto de provincias castellanomanchegas siempre se pudieron cazar todos los patos, Pues ninguna, salvo la caprichosa voluntad de la delegación de Medio Ambiente de Cuenca.

 

Dirán, con cierta razón, que cinegéticamente la medida no tiene entidad en una provincia con poca tradición patera y en la que afortunadamente los caza­dores tienen otras prioridades. De acuerdo, pero las injusticias cinegéticas pesan demasiado en el morral de los cazadores y, lo más peligroso, hacen habitual lo qUe no deja de ser una intolerable y caprichosa decisión que mañana toca a la codorniz y pasado al zorzal. A ver si ahora la Comunidad de Madrid hace lo mismo, aunque no creo que el lobby ecologista lo permita.

 

Estoy contento porque los cazadores, con un esfuerzo común que va en aumento, hemos logrado que algunas cosas, a pesar de ser injustas, cambien. Sigamos así.

 

José Ignacio Ñudi



 
     
   
 
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