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15/09/2005 - ACTUALIDAD
Crítica musical sobre el concierto lírico celebrado el "Día de Bardenas"
Crítica musical realizada por Luis Miguel Alonso Nájera (Sociedad Filarmónica de Pamplona)
  En la imagen, el cuarteto interpretativo. De izda. a dcha.: Dorota Grzeskowiak, Marife Nogales, Marc Canturri y Raúl Alonso.

 

Concierto Lírico

10 septiembre 2005

Iglesia Parroquial de Santa Ana, Buñuel (Navarra)

 

 

 

  

Dorota Grzeskowiak, soprano

 

Marifé Nogales, mezzosoprano

 

Raúl Alonso, tenor

 

Marc Canturri, barítono

 

José Ramón Martín, piano

 

Dirección: Ricardo Visus Antoñanzas 

 

 

Crítica Musical

 

    No hace falta ser un experto en cualquiera de las artes para poder disfrutar de las obras maestras que en cualquiera de ellas se han producido, ya que toda gran creación tiene, entre sus muchos valores, la capacidad de ser saboreada a cualquier nivel, desde la persona menos experta hasta aquélla que conoce en profundidad lo mostrado. Cuando se trata de la música, es tarea de los intérpretes hacer llegar en condiciones a los oyentes una nueva e irrepetible versión de lo que un día fue compuesto, que conserve sus valores originales y aporte los personales de quien lo vuelve a revivir.

 

    Esta introducción es el preámbulo obligado para confirmar que cualquier persona asistente al concierto celebrado el pasado sábado 10 de septiembre en Buñuel pudo quedar ampliamente satisfecha con la actuación de los cuatro cantantes y el pianista que intervinieron. El programa lírico con que se presentaron fue amplio, exigente y variado, centrado especialmente en la ópera y la zarzuela, con incursiones en el oratorio.

 

    La combinación de los cuatro timbres vocales -soprano, mezzosoprano, tenor y barítono- permitió una rica y atractiva combinación de todas ellas, desde el solista hasta el cuarteto, pasando por la elegancia de los dúos interpretados. Con un cuarteto se presentaron, y con otro despidieron la actuación. La elegancia y contención beethoveniana fue una primera tarjeta de presentación que indicaba sin fisuras la calidad y el rigor musical que iba a ser una constante a lo largo de toda la velada. Lo mismo podría decirse, ya con el calor final añadido en la conclusión del concierto, del magnífico cuarteto de Rigoletto, obra genial para concluir brillantemente la sesión.

 

    Dorota Grzeskowiak está consolidada como una de las mejores voces jóvenes de soprano en el panorama actual, pero sería injusto dejar el calificativo en ³voz², puesto que lo que llega a hacer con la misma, muy bien estructurada como materia prima y mostrada a través de una técnica espléndida, es un portento de fraseo, expresión, sentimiento, y su evolución a lo largo de estos últimos años es buena muestra de ello. Evidentemente, si no existiera un temperamento artístico y sensible detrás no se podrían alcanzar los niveles emotivos que pudimos comprobar, desde el desparpajo zarzuelero hasta la cima pucciniana de Madama Butterfly -quizá su mejor momento en la tarde- que recuperaba, una vez más, la tensión dramática de un amor imposible.

 

    Las intervenciones de Marifé Nogales revelaron la solidez de una mezzosoprano segura, cálida en su interpretación y personal tanto en sus intervenciones solistas como en aquéllas compartidas con alguno de sus compañeros. Si bien al timbre central de la voz femenina le corresponde una menor brillantez aparente en las interpretaciones compartidas con voces más agudas, en este caso Marifé Nogales sabe ajustar su presencia al equilibrio exacto y necesario, dotándolo de una firme y notable musicalidad; así pudo comprobarse en uno de sus momentos más destacados, el dúo de Lakmé. 

 

    El tenor Raúl Alonso dio igualmente muestra de una gran versatilidad a la hora de transmitir su repertorio, pues si bien su campo más logrado es el mundo de la zarzuela, donde hace gala de esa mezcla tan difícil de conseguir de elegancia y soltura popular, defendió con gran elegancia el dúo verdiano de La Traviata, ajustándose al estilo y al tempo requeridos y dotando al resto de sus interpretaciones de la frescura y el rigor apropiados. 

 

    La voz más grave de las escuchadas, el barítono Marc Canturri, se mostró como un valor de gran categoría en el escaso mundo actual de voces baritonales. Un color vocal noble y denso, un fraseo y un legato capaces de extraer de cada obra los matices presentes y los más ocultos, un temperamento elegante que se funde de forma natural con el espíritu del compositor, todas estas podrían ser las características que definen su forma de interpretar las obras en que intervino. Si hubiera que destacar alguna de sus recreaciones, optaría por el aria de I Puritani, de Bellini, donde todas estas consideraciones alcanzan su más feliz reflejo.

 

    El quinto solista fue José Ramón Martín, artista indiscutible en su concepto de la translación al piano de la base instrumental de estas obras que fueron concebidas para acompañamiento orquestal. Hemos tenido la fortuna de verle actuar en otras ocasiones, y siempre es, a la vez, una garantía de seguridad sonora y de respeto al cantante, como de una musicalidad que asoma por cualquier esquina de las notas que construye, equilibrada siempre ante el lucimiento vocal obligado, y a la vez imponente en todas sus facetas cuando el instrumento da la réplica a la voz a lo largo de cada obra.

 

     Una velada, en fin, de gran música como repertorio elegido, y de grandes intérpretes que están a la altura, por su excelente calidad, de la categoría de las obras que recrearon en esta tarde inolvidable.

 

Luis Miguel Alonso Nájera

(Sociedad Filarmónica de Pamplona)

 

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